Cuando el número de hermanos aumentó, Francisco redactó una sencilla regla de vida inspirada directamente en el Evangelio. Su intención era ofrecer unas normas que ayudaran a vivir la fraternidad y la misión.
Francisco y sus compañeros viajaron a Roma para presentarla al Papa. La aprobación pontificia permitió que la nueva fraternidad fuera reconocida oficialmente por la Iglesia y continuara creciendo.