El testimonio y el estilo de vida de Francisco atrajo a otros jóvenes que deseaban vivir como él, siguiendo el Evangelio de manera sencilla y radical. Los primeros compañeros se unieron a él para compartir una vida de oración, trabajo y servicio.
Así nació la fraternidad franciscana. Los hermanos vivían en pobreza, anunciaban la paz y ayudaban a los más necesitados. Lo que comenzó como un pequeño grupo pronto se convirtió en un movimiento que se extendió por muchos lugares.