Después de ser liberado, Francisco regresó a Asís muy debilitado. Poco tiempo después sufrió una grave enfermedad que lo obligó a permanecer durante meses en reposo.
Aquella etapa cambió su forma de ver el mundo. Mientras recuperaba la salud, comenzó a comprender que la felicidad no dependía de las riquezas ni del reconocimiento social. Su corazón empezó a orientarse cada vez más hacia Dios y hacia el servicio a los demás.